Imagen con bandera de Holanda
BANDERA INGLESA
BANDERA FRANCESA BANDERA ALEMANA

 

 


Asumimos el compromiso de plantar los viñedos sabiendo de antemano la dedicación que requiere el cultivo de la vid, que la media de vida supera los 30 años y teniendo en cuenta que todos los años hay que esmerar los cuidados, ya que un mal año (heladas, pedrisco, enfermedades y mal laboreo) repercutirá en el siguiente y sucesivos.

La orientación de las plantas con los vientos dominantes, la altura de las cepas y el número de ellas por metro cuadrado nos permitirá optimizar el soleado de la vid, auténtica fuente generadora de buen vino. Se realiza una  poda cuidadosa equilibrando el número de yemas para la buena relación racimos-hojas, conociendo que la vid es una planta muy sufridora y que cada año da todo su esfuerzo. Es importante tener en cuenta que una mayor cantidad de racimos nos acarreará menor concentración de azúcar y color en éstos.



Ayudamos a la vid con labores manuales, tales como retirar los brotes que no tengan uva (despampanado), cortar los racimos excesivos (poda en verde) y aclarar las hojas junto a la uva (esparrar), para mejorar el soleado


 La tierra se mantiene con los nutrientes necesarios aportando un estiércol orgánico que permite actuar a los microorganismos del suelo,  acompañado de un laboreo continuado del suelo.

Finalmente, a base de tratamientos preventivos, se vigila la calidad sanitaria del viñedo.

 

Todo ello desembocará en la labor final que es sin duda alguna la recolección, a la que dedicamos mayor atención, controlando el momento óptimo de maduración de cada variedad y parcela. Al tener variedades distintas nos permite programar en el tiempo su recogida.

Terminada la cosecha comienza nuestro inmediato objetivo, trabajar por superarnos en la siguiente cosecha.